EL ROBO DEL SIGLO

Llueve copiosamente y en la calle no hay un alma. Araujo está refugiado bajo el alero de un local cerrado. Sobre la avenida se han formado varios charcos; en ese fragmentado espejo de agua se distingue, deformado, un cartel luminoso. Araujo levanta la vista y descubre, delante suyo, la fachada del Banco Río. Viernes 13 de enero de 2006. Los francotiradores del Grupo Halcón están a la espera de una orden. Más de tres centenares de policías diseminados por el lugar aguardan la voz de su jefe. Miguel Sileo, el negociador, deja diluir las esperanzas de que Vitette, uno de los líderes de la banda de ladrones que entró a la sucursal del Banco Río de Acassuso de señales de vida. Las pizzas que había pedido como condición se habían enfriado. El grupo Halcón recibe la orden y entra: se encuentran con lo inesperado. Armas de juguete y una veintena de rehenes asustados los esperan dentro; no hay señales del grupo de ladrones. Mientras revisan a los rehenes para descubrir a los artífices del robo camuflados entre ellos, la policía va descubriendo que, más de la mitad de las cajas de seguridad fueron abiertas y vaciadas. Un cartel colgado en la bóveda anuncia con letras hechas con una plantilla “Sin armas ni rencores, en barrio de ricachones, es solo plata y no amores”. Como si fuera un acto de prestidigitación del propio Houdini, Vitette, Araujo, De La Torre, Debauza, Marciano y El Gaita han desaparecido. Solo un eslabón queda suelto. Meses después del robo, La Turca, esposa de Beto De la Torre, despechada porque su marido se fue con otra a disfrutar de su nueva fortuna, denuncia a los seis integrantes de la banda. Uno a uno va cayendo. El dinero nunca aparece. ¿Fue lo de La Turca una grieta en el plan perfecto, o incluso esto había sido ideado por el cerebro del Robo del Siglo?

Protagonistas:

Diego Peretti, Pablo Rago, Rafael Ferro, Guillermo Francella, Luis Luque

Director/a:

ARIEL WINOGRAD

Género:

Comedia

País de Origen:

Argentina

Un grupo variopinto de ladrones y estafadores se unen para atracar un Banco en la zona de Acasuso en la Provincia de Buenos Aires. Fernando Araujo, es el cerebro, el hombre detrás de la planificación, Mario Vitette Sellanes es el inversor y la cara visible. El plan perfecto incluye el robo a las cajas de seguridad, la toma de rehenes y una huida “de película”

Ariel Winograd, el cineasta mas exitoso de la comedia vernácula, se pone detrás de cámaras para retratar un evento policial reciente que ha quedado marcado a fuego en el imaginario popular por lo osado y efectivo del mismo.

Con el desarrollo y la resolución tan fresca en la memoria de los espectadores, los guionistas (Alex Zito y el propio Fernando Araujo) y el cineasta han hecho hincapié mas en las formas y el genero que en las sorpresas y los giros argumentales. Todos sabemos que ocurrió en este asalto, por lo que el atractivo de las dos horas de metraje se dan en la química entre los personajes y la puesta en escena que revela una producción ambiciosa.

Diego Peretti como Araujo nos introduce en el corazón de la banda de atracadores. No solo es quien tiene la idea del golpe sino que reúne el equipo y marca el ritmo de la historia. Sus miradas y gestos, tan característicos lo convierten en el actor ideal para esta fusión entre la comedia costumbrista y el thriller light.

Guillermo Francella vuelve al registro que mejor maneja, el de la comedia criolla, en donde puede hacer gala de toda su biblioteca de dichos, la “viveza porteña” y cataratas de chistes, con la complicidad de los espectadores. Salvo algunas excepciones, como su recordada performance en El secreto de sus ojos, es sin dudas el tipo de papel que mejor le calza y el mas efectivo.

El resto del elenco también cumple, aunque un párrafo aparte merece el enorme Luis Luque como el negociador de la policia, el hombre que sospecha que algo del atraco no cierra y que juega el papel de “cazador cazado”

Hay una gran reconstrucción de época, de la fachada del banco y del barrio en donde se desarrolla la trama. Algunas ideas visuales son realmente atractivas, como la que muestra a los ladrones avanzando por el boquete. Hay un logrado uso del flashback, recurso que no es utilizado en exceso y que ayuda a redondear y una buena utilización de la banda sonora que acompaña la acción.

Los momentos más dramáticos del filme, aquellos que tienen que ver con la no muy desarrollada relación entre Vitette y su hija, quizás sean las más anti climáticas de un filme que en general se hace llevadero y entretenido.

En el debe, como muchos largometrajes en los que el espectador empatiza con los criminales, en El Robó del siglo falta un antagonista, un villano que le de mas cuerpo a la historia. Eso si no faltan los momentos que hicieron mítico al asalto: el traje gris, los gomones, las pizzas para los rehenes y la clásica nota que los ladrones dejaron en las cajas de seguridad y que se convirtió en símbolo del hecho. La primera gran película nacional del año tiene las dosis exactas de genero y argentinismos como para robar los corazones de los espectadores. Después de todo se trata de “solo plata, no amores”.

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