HUÉRFANOS DE BROOKLYN

Un detective privado con síndrome de Tourette debe investigar la desaparición de su mentor, recorriendo todos los rincones de la Nueva York de los años 50, en la que la pobreza y el poder interactúan en un balance sostenido a fuerza de secretos.

Protagonistas:

Alec Baldwin, Bruce Willis, Willem Dafoe, Edward Norton, Gugu Mbatha Raw

Director/a:

EDWARD NORTON

Género:

Policial

País de Origen:

USA

Lionel Essrog (Edward Norton) es un solitario detective privado que padece el síndrome de Tourette. Tras la muerte de su mejor amigo y mentor Frank Mina (Bruce Willis) decide averiguar quien está detrás de su crimen. Con unas pocas pistas y la fuerza de su mente obsesiva, Lionel deberá enfrentarse a matones, a la corrupción y al hombre más peligroso de la ciudad para honrar a su amigo.

En la linea del cine policial negro mas puro, Edward Norton dirige y protagoniza esta historia que cuenta con todos los clichés del genero y funciona como un homenaje a grandes clásicos como Chinatown. De hecho la novela original en la que se basa el filme transcurre en los noventa, pero Norton decide llevar la trama a los cincuenta para agudizar la experiencia noir.

Como protagonista, Edward Norton se muestra tan solvente y creíble como en casi todos sus trabajos. Su performance es sutil, nunca cae en la exageración a pesar de moverse en un cuerpo que sufre una patología caracterizada por múltiples tics físicos y vocales y asociada con la exclamación de palabras obscenas y comentarios socialmente inapropiados. Se nota claramente el amor del interprete por su personaje, y los espectadores empatizaran con el rápidamente.

El resto del elenco (un dream team actoral) funciona como un reloj con pequeñas pero contundentes apariciones y destacándose Alec Baldwin como el villano de turno, un hombre sin escrúpulos e impune inspirado
en el polémico Robert Moses, un corrupto funcionario neoyorquino de los cincuenta.

La fotografía del filme, no abusa de la utilización de sombras, pero igualmente recrea climas y atmósferas ligadas al genero, utilizando una paleta de colores fríos que profundizan el tono melancólico general del metraje. La reconstrucción de época es soberbia, sin grandilocuencias (se nota que es una produccion pequeña, intimista) todos los detalles están cuidados, desde los escenarios, pasando por el vestuario hasta los objetos personales y la música sublime de Daniel Pemberton que envuelve toda la cinta.

El metraje, aunque un tanto extenso, resulta llevadero, gracias a un guion bien construido en donde como toda buena historia de misterios y detectives aparecen pistas falsas, sospechosos, femmes fatales y por supuestos giros inesperados.

Huérfanos de Brooklyn es un largometraje que necesita de espectadores concentrados y abiertos a vivir una experiencia de cine a la antigua usanza, una ceremonia fílmica en donde el publico pueda desconectar y adentrarse en un universo sin efectos ni explosiones, simplemente personajes y sus conflictos. No es poca cosa.

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